Historias del territorio
ARTÍCULOS
Veeduría, aprendizajes y voces desde los territorios donde caminamos junto a los pueblos indígenas de Colombia.
10 Algo que ninguno habría podido lograr por separado
Cuando en 2006 iniciamos en Pueblo Viejo (Magdalena), encontramos escuelas con dificultades, pero con capacidades no siempre reconocidas. Los maestros conocían a sus estudiantes y familias, y las condiciones del territorio. Habían aprendido a enseñar en medio de la pobreza, el desplazamiento, la falta de recursos y las exigencias cambiantes del sistema educativo.
09 Nadie lidera solo una escuela
Hay una idea que suele repetirse cuando se habla de calidad educativa: detrás de una buena escuela existe un buen equipo directivo. La experiencia confirma que esto es cierto, aunque también muestra que esa afirmación puede ocultar una realidad más compleja. En los territorios rurales, indígenas, afrocolombianos y campesinos, el liderazgo escolar no depende únicamente de las capacidades de quienes dirigen las instituciones. Está afectado por el aislamiento geográfico, la escasez de recursos, la alta rotación de docentes y directivos, la débil presencia institucional y las múltiples demandas sociales que recaen diariamente sobre la escuela.
08 Libros que reconocen un río
Fundar FUCAI me pareció siempre una aventura arriesgada. Exigía un trabajo permanente para mantenerla funcionando y para cumplir los objetivos que nos habíamos planteado. Cada proceso que iniciábamos me parecía una aventura maravillosa, y también un reto estupendo. No sabíamos con certeza si lo lograríamos, pero esa incertidumbre nunca fue motivo para detenernos. Aprendimos también a administrar la incertidumbre. Gracias a Dios y al esfuerzo del equipo, todo ha funcionado sin interrupciones durante 35 años, y entre todos los procesos que emprendimos, el editorial fue de los que más nos enorgullece.
07 Uusya', Pa'kya: dar y recibir
Todavía llevo la huella de la emoción de las personas jóvenes y adultas cuando, después de tantos años de vida, logran escribir su nombre. No es solo cuestión de letras, sílabas, palabras… Es re-representarse en un documento, ser parte de una decisión de la comunidad, re-hacer un trámite sin depender de otro. La firma, tan pequeña, abre la ventana de existir con mayor autonomía y sentir que la palabra propia y escrita también tiene lugar en su existencia y que existe en el mundo letrado.
06 Del PEI a un sistema de educación propia
Se podría decir que el problema no está afuera, está adentro en cada uno de nosotros, en creer que no somos capaces, en la pena que sembraron en nuestro corazón, en el andar con el corazón gorgojo, sin fuerza, y luego pensar que es culpa del mestizo, del blanco; en algún momento, se puede decir que lo fueron, pero ya han transcurrido muchas décadas, y el problema es nuestro, lo tenemos que apropiar más y convertirlo en alternativa.
05 Del conocimiento ancestral a los títulos universitarios
Los maestros indígenas formaban a los niños de sus comunidades con todo su saber, pero el sistema educativo no los reconocía porque no tenían título docente, ni universitario. Enseñaban bien, pero el Estado no los veía.
04 De la Casa Arana a la Casa del Conocimiento
La Chorrera a finales del siglo XIX era un territorio tranquilo donde los pueblos y clanes se acomodan cada uno en su territorio ancestral cuidando el legado de sus antepasados y practicando los conocimientos propios en cada una de las acciones cotidianas. Toda esta tranquilidad se acabó con la repentina llegada del primer hombre blanco de origen pastuso llamado Benjamín Larrañaga, quien llegó buscando el caucho y el personal para su mano de obra barata y esclava.
03 La selva enseña, la palabra endulza y el agua fortalece
Quiero contarte algo que tomó veintitrés años de mi vida. Durante ese tiempo recorrí el río Igaraparaná y el Predio Putumayo haciendo equipo con las comunidades de los pueblos uitoto, bora, okaina y muinane. Buscábamos algo grande y sencillo a la vez: transformar la escuela y la educación para que tuvieran pertinencia étnica, cultural y regional. Es decir, una escuela que hablara el idioma de la selva y del corazón de estos pueblos, y no una escuela de afuera pegada con alfileres. Una escuela donde la lengua propia, los saberes de los mayores y el calendario de la selva no fueran un adorno, sino la base misma de lo que se enseña.
02 Los andariegos que llegaron a invitarnos a soñar
Pablito, venga y le cuento. Resulta que, en un lugar del Amazonas colombiano, en Leticia, hay un colegio llamado San Juan Bosco. Allí venían a estudiar jóvenes de todos los rincones del departamento, llegaban a buscar y a realizar sus sueños. Sin embargo, muchos de ellos desertaban porque no encontraban allí lo que esperaban.
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