02 Los andariegos que llegaron a invitarnos a soñar
AMAZONAS
Temporada I · Un comienzo entre el barro y la olla
Pablo Barbosa Santos
Docente y excoordinador del Colegio San Juan Bosco, Leticia
3 de octubre de 2026 · 4 min de lectura
Pablito, venga y le cuento. Resulta que, en un lugar del Amazonas colombiano, en Leticia, hay un colegio llamado San Juan Bosco. Allí venían a estudiar jóvenes de todos los rincones del departamento, llegaban a buscar y a realizar sus sueños. Sin embargo, muchos de ellos desertaban porque no encontraban allí lo que esperaban.
Algún día, por los años 90, aparecieron en el colegio un hombre canoso, de caminar lento y hablar pausado. A su lado, una mujer de pelo crespo, un poco acelerada y directa en su comunicación, con ellos venía un niño. Traían a sus espaldas un morral y un canasto. Yo era coordinador y los atendí. Contaron que venían de trabajar en los Llanos Orientales con los sikuani y que querían compartir esa experiencia en el San Juan Bosco porque percibían en los profesores buena energía, un espacio agradable y unos jóvenes de un gran territorio que se veían con los ojos llenos de sueños por realizar. Entonces empezamos a caminar la propuesta en reuniones y asambleas con supervisores, profesores, sabedores, estudiantes y padres de familia. Todos participamos. Nos dimos cuenta que no teníamos una visión auténtica de lo que debíamos enseñar, aprender y compartir; que no había algo que nos identificara y nos diferenciara de los demás colegios; que, aunque la población era indígena, no explorábamos sus raíces, sus lenguas, sus creencias y que cuando regresaran a sus territorios no tendrían nada nuevo que aportar a sus comunidades.
Empieza toda una aventura, tomamos el Plan Educativo Institucional que existía y lo quemamos para dar un gran paso, construir un nuevo PEI, donde todos fuéramos escuchados, todos aportáramos conocimientos, historias y experiencias, que fueran valoradas y que el resultado nos perteneciera a todos, dejando en este camino nuestras huellas. Fue un trabajo arduo, de construcción permanente y colectiva, de mucho aprendizaje. Durante los talleres realizados descubríamos un universo que nos era desconocido pero que nos atraía cada vez más. En este nuevo PEI se empezaron a plasmar las identidades de los diferentes grupos étnicos, sus cosmovisiones, sus tradiciones, el manejo del contexto amazónico, su tierra, sus plantas medicinales, su organización, sus jerarquías, en fin. Este trabajo nos abrió los ojos y nos mostró la diversidad, las identidades y nos formó como docentes, como personas, nos enseñó a respetar otros saberes que ignorábamos hasta ese momento.
Pablito, en el transcurso de este proceso, se implementaron materias bien importantes como organización comunitaria, legislación indígena, recursos naturales y se le dio un enfoque a la clase de religión donde los estudiantes exponían sus creencias y mitologías. Era muy bonito ver a los muchachos exponer todo ese conocimiento tan propio y auténtico. Se sentían muy orgullosos de lo que eran, de su origen y de su linaje.
El deporte también hizo parte, tuvimos la oportunidad de viajar a Bucaramanga con 18 jugadores de fútbol, en representación del Amazonas porque habíamos quedado campeones departamentales y nos enfrentamos a Atlántico, Tolima y Huila, no nos fue muy bien, pero jugaron todos.
La formación en diferentes oficios apareció como la necesidad que los jóvenes desarrollaran habilidades que sirvieran a sus comunidades y a ellos mismos para su sustento futuro. Entonces se crearon los talleres en mecánica de motores fuera de borda, carpintería, ebanistería, construcción, panadería, elaboración de dulces con frutas de la región, cría de cerdos y especies menores como gallinas, elaboración de canoas, tejían atarrayas, mallas para pesca y hamacas. Muchos instructores eran personas empíricas de las comunidades cercanas, yo nunca he visto algo tan participativo como esa experiencia. Además, el compromiso era de todos, éramos incansables.
La educación del Amazonas para la parte rural y los corregimientos estaba a cargo de la Coordinación de Educación Contratada, que era un contrato de la gobernación con la Iglesia católica. Eran los sacerdotes y las religiosas quienes manejaban estos internados, todo funcionaba muy bien, no había corrupción.
Pablito, ¿sabe quiénes eran esos andariegos que llegaron a invitarnos a soñar? Ellos eran don Adán y doña Ruth, los de FUCAI y el niño era el hijo, Sergio. Los mismos con los que usted estuvo en Santa Sofía en un taller de seguridad alimentaria. La Fundación Caminos de Identidad nos enseñó que es más fácil construir el camino si lo hacemos en conjunto, que cuando cada uno aporta lo que sabe, todos aprendemos, los objetivos se alcanzan y los sueños se cumplen.
Construimos un nuevo PEI que no se quedó en el papel sino que se desarrolló día a día. Nos ganamos por dos años el reconocimiento de ser el mejor PEI del país. Quedó la colección «Escuela y Amazonía», que son esos nueve libros que tenemos en la biblioteca y que, cuando usted estaba en el colegio, consultamos varias veces.
Aunque en su momento tuvimos un final feliz, luego las cosas cambiaron, no hubo dirigentes que lucharan por mantener eso que era el fruto del amor y la dedicación de tantas mentes y corazones y poco a poco, se ha ido perdiendo esa esencia. Yo solo tengo buenos recuerdos, enseñanzas y gratitud con FUCAI por todo lo que aprendí. Me llena de orgullo encontrarme a mis antiguos estudiantes convertidos muchos en docentes, buenos profesores y excelentes personas. Ruth, Adán y Sergio todavía siguen empeñados en construir bienestar con las comunidades del país.
“Por fin un colegio con enfoque étnico regional amazónico donde la diversidad cultural y lingüística es reconocida”
La voz
Pablo Barbosa Santos
Docente y excoordinador del Colegio San Juan Bosco, Leticia
