08 Libros que reconocen un río
AMAZONAS · LA GUAJIRA · CAUCA · VICHADA
Temporada II · La educación encendió el fogón
Adán Martínez
Cofundador y Subdirector de FUCAI
17 de octubre de 2026 · 10 min de lectura
Generar conocimiento para fortalecer los procesos interculturales
Fundar FUCAI me pareció siempre una aventura arriesgada. Exigía un trabajo permanente para mantenerla funcionando y para cumplir los objetivos que nos habíamos planteado. Cada proceso que iniciábamos me parecía una aventura maravillosa, y también un reto estupendo. No sabíamos con certeza si lo lograríamos, pero esa incertidumbre nunca fue motivo para detenernos. Aprendimos también a administrar la incertidumbre. Gracias a Dios y al esfuerzo del equipo, todo ha funcionado sin interrupciones durante 35 años, y entre todos los procesos que emprendimos, el editorial fue de los que más nos enorgullece.
Cuando FUCAI nació, las comunidades indígenas no tenían libros escritos en sus propias lenguas ni desde su propia visión del mundo. Los niños aprendían a leer con libros donde no se veían: no reconocían su río, no escuchaban su lengua, no encontraban su propio saber. Los materiales venían de afuera, pensados para otra geografía y para otra manera de entender el mundo. Un niño uitoto o tikuna aprendía a nombrar animales y paisajes que nunca había visto, mientras el mundo que sí conocía permanecía ausente de sus cuadernos.
Esa ausencia no era un detalle menor. Un niño que no se reconoce en lo que lee aprende, sin saberlo, que su mundo no cuenta. Uno de los objetivos centrales al crear FUCAI —y que sigue vigente hoy— era generar conocimiento para fortalecer los procesos interculturales con las comunidades. No producir materiales sobre ellas, sino con ellas: esa fue, desde el inicio, la apuesta que definió el rumbo editorial de la fundación.
Durante décadas, FUCAI impulsó la producción editorial de la mano de los pueblos acompañados: libros de texto bilingües, cartillas, materiales didácticos, colección de saberes propios. Cada título fue resultado de investigaciones culturales o interculturales realizadas junto con sabedores de las comunidades, no de escritorios lejanos.
El proceso solía comenzar con largas conversaciones en el territorio: los mayores compartían historias, plantas, rituales y formas de nombrar el mundo, y ese conocimiento se traducía, con cuidado, en un lenguaje que un niño pudiera leer en su escuela. Antes de imprimirse, cada material volvía a la comunidad para su validación. Nada se publicaba sin ese regreso.
El catálogo recoge la voz de pueblos como los uitoto, tikuna, sikuani, piapoco, wayuu, cubeo, nasa, zenú y bora, entre otros. Todo producido con las comunidades, no para ellas: esa distinción, aparentemente pequeña, es el corazón del método de FUCAI y explica por qué esos libros siguen usándose hoy en las aulas.
Cada pueblo aportó algo distinto a ese catálogo. De unos vinieron relatos de origen, de otros conocimientos sobre plantas medicinales, de otros formas propias de contar el territorio. FUCAI no buscaba homogeneizar esas voces en un solo formato, sino respetar la manera particular en que cada comunidad entiende y transmite su saber. Eso hizo que el trabajo editorial fuera, en la práctica, tantos procesos distintos como pueblos acompañados.
172 publicaciones en 35 años, la mayoría para escuelas y colegios
El resultado es un catálogo de más de 35 años de publicaciones, hoy patrimonio educativo y cultural de los pueblos acompañados por FUCAI. Alrededor de 172 textos conforman esa colección: la mayoría pensados para el aula, para que un niño indígena pueda aprender a leer viéndose reflejado en la página.
Ese catálogo es, también, una generación de conocimiento asombrosa: tres décadas y media de investigación cultural e intercultural convertidas en libros que hoy circulan en escuelas y colegios de las comunidades. Cada cartilla, cada colección de saberes propios, es un fragmento de memoria que antes solo vivía en la palabra hablada y que ahora también existe en papel, sin perder su voz original.
Para los maestros de las escuelas indígenas, esos libros representan algo más que material didáctico: son una herramienta para enseñar la propia lengua con el mismo rigor con que se enseña el español, y para que un niño entienda que su cultura también cabe en un libro de texto. Para las comunidades, son una forma de dejar constancia escrita de un conocimiento que, de otro modo, dependería solo de la memoria oral de los mayores.
Ese trabajo no ha terminado. Mientras existan lenguas, ríos y saberes que merezcan un lugar en una página, FUCAI seguirá produciendo materiales junto a las comunidades, con la misma convicción con la que empezó hace 35 años.
Ese trabajo editorial no se sostiene solo. Para fortalecerlo, FUCAI ha construido alianzas con universidades como El Bosque, Santo Tomás, Javeriana de Cali, Claretiana, de La Guajira y de La Sabana, entre otras. A través de diplomados y procesos de profesionalización, estas alianzas capacitan a los docentes de las comunidades y a sus líderes, quienes luego llevan ese conocimiento de vuelta a las aulas y a los procesos comunitarios.
Ese acompañamiento académico mejora la capacidad profesional de los educadores indígenas y multiplica la generación de conocimiento dentro de los procesos educativos y comunitarios. Un docente que se profesionaliza no solo enseña mejor: también se convierte en investigador de su propia cultura, capaz de aportar al catálogo editorial de la fundación.
FUCAI también ha impulsado investigación propia. Con el apoyo de Colciencias, realizó dos estudios: «Dispositivos de socialización secundaria en los indígenas uitoto del Amazonas» y «Educación y transculturización juvenil indígena», con jóvenes de colegios de Puerto Nariño, Arará, Nazareth, Leticia y La Chorrera. A esas se sumó una investigación con jóvenes nasa del norte del Cauca sobre el consumo de psicoactivos y alcohol, entre otros.
A la par de la investigación, FUCAI sistematiza sus propios procesos, para que la experiencia acumulada no se pierda, aprender sobre lo avanzado y enseñar a otros. Entre esos ejercicios está el libro «Comunidades indígenas de abundancia», sobre la experiencia de producción en el Amazonas, y otro, «Comunidades tejedoras de vida», sobre la experiencia con niños y familias de Manaure, en La Guajira. Investigar y sistematizar son, para FUCAI, otra forma de escribir libros: los que documentan no el saber ancestral, sino el propio camino recorrido.
“Cada libro es un canasto que contiene y ordena el saber colectivo.”
Ese ha sido, quizás, el reto más estupendo de todos: convertir el conocimiento propio de los pueblos en libros que ellos mismos reconocen como suyos. Un reto que, como todos los que FUCAI ha emprendido en estos 35 años, se sostuvo con paciencia, con fe y con la certeza de que valía la pena intentarlo.
Nota: buena parte de esta producción editorial fue apoyada por el Fondo Amazónico, CORDAID, el Ministerio de Educación Nacional, entre otros.
