Artículos
El portafolio que Wall Street no entiende
Doña Leonor me recibió con una pregunta antes de saludar.
—¿No has probado el bacurí? Prueba el bacurí de mi chagra.
Llevaba botas de caucho, una camiseta manga larga raída, gorra y el machete en la mano. Tendría entre cincuenta y sesenta años, era la matriarca de una familia tikuna sobre el río Amazonas, en el Trapecio, y tenía esa hospitalidad pragmática de la gente que prefiere a quien hace cosas antes que a quien habla mucho.
No vamos a explicar el Amazonas con economía
Tenía un año la primera vez que entré a una comunidad indígena. No me acuerdo, claro. Lo que recuerdo es algo que vino después, varios años después, en otro viaje. Mis papás iban a La Chorrera, Amazonas, a acompañar el trabajo de un colegio del pueblo Uitoto: asesoría en etnoeducación para que la enseñanza fuera pertinente al territorio, gestión para legalizar la tierra donde estaba el colegio, trámites ante el Ministerio de Educación para que fuera reconocido.
El currículo de la selva: cómo los niños del amazonas vencieron al abismo con ciencia milenaria
Acababa de llegar a casa, tarde en la noche, con el cansancio habitual pesándome en los hombros. Al entrar, encontré a mi esposa, Daniela, con la mirada clavada en el televisor y un gesto de profunda preocupación. Sin apartar los ojos de la pantalla, me dijo que una avioneta Cessna 206 se había desplomado en la inmensidad de la Amazonía colombiana y que, al parecer, a bordo iban tres niños (luego sabríamos que eran cuatro). La tensión se agudizó un par de horas después, cuando mi madre me llamó con la voz quebrada: existía la posibilidad de que conociéramos a los pasajeros de ese vuelo.
El Jardín Monumental: Las Semillas de la Selva Amazónica, Identidad y el Mayor Huerto de la Humanidad
Recuerdo la voz de mi profesora de historia recitando con asombro las maravillas de la antigüedad. Nos hablaba de la belleza inalcanzable del Edén, de la proeza arquitectónica de los Jardines Colgantes de Babilonia y de la mística del huerto de las Hespérides.
Justicia Social y Ambiental: El contrato de supervivencia que no puede esperar
En este Día de la Justicia Social, la realidad nos exige claridad y franqueza, especialmente hacia aquellos países que han liderado el desarrollo industrial y que hoy, desde sus centros de pensamiento, continúan diseñando el futuro global. La verdad es contundente: no existe justicia social sin justicia ambiental. Y en este escenario, la Amazonía no es un territorio periférico que protegemos por altruismo, sino el epicentro de un tablero donde se juega la estabilidad de toda la humanidad.

