Ser hombre en los territorios: cuidar la vida, sostener la comunidad

Por: Adán Martínez


Cada 19 de marzo, cuando se conmemora el Día del Hombre, se abre una oportunidad para algo más profundo que una celebración: una pausa para pensar qué significa hoy ser hombre, especialmente en los territorios indígenas donde la vida se teje entre la memoria, la transformación y la resistencia.

Desde la Fundación Caminos de Identidad – FUCAI, esta reflexión no se hace desde afuera. Nace del caminar compartido con pueblos indígenas de la Amazonía, la Orinoquía, el Vichada, el Meta y La Guajira, el Cauca donde el ser hombre ha estado históricamente vinculado a la protección de la vida, el cuidado del territorio y la responsabilidad con la familia y la comunidad.

Hoy, sin embargo, ese significado está en movimiento.

Memoria: lo que enseñaron los mayores

En muchas culturas indígenas, los hombres aprendían desde niños observando y haciendo. No había discursos largos: había ejemplo.

Aprendían a sembrar, a cazar, a leer el cielo, a conocer los tiempos del río, a respetar los ciclos de la naturaleza. Aprendían también a escuchar, a guardar silencio, a esperar el momento justo para hablar.

El padre, el abuelo, el tío eran referentes no por imponer su autoridad, sino por encarnarla.

Ser hombre no era tener poder, sino saber sostener. Sostener la palabra. Sostener la familia.  Sostener el territorio.

En ese mundo, la masculinidad no se definía por la fuerza, sino por la responsabilidad.

Rupturas: cuando el mundo cambia más rápido que las raíces

En las últimas décadas, los territorios indígenas han experimentado transformaciones profundas.

La presión sobre la tierra, la expansión de economías externas, la presencia de actores armados, la migración, la escolarización descontextualizada y la pérdida progresiva de prácticas tradicionales han alterado los equilibrios comunitarios.

En medio de estos cambios, muchos hombres han quedado sin un lugar claro.

Ya no siempre pueden ejercer los roles que les daban sentido. Pero tampoco encuentran en los modelos externos respuestas que dialoguen con su identidad.

Así aparece una tensión silenciosa: hombres que sienten que han perdido su lugar, jóvenes que no encuentran referentes, padres que no saben cómo acompañar a sus hijos, comunidades que perciben el debilitamiento de sus tejidos familiares. 

Esta tensión, cuando no se nombra ni se acompaña, se expresa en formas dolorosas:
violencia, abandono, consumo de alcohol, conflictos familiares, dificultades para asumir responsabilidades compartidas.

Pero estas no son causas. Son síntomas.

Comprender para transformar

Desde FUCAI hemos aprendido que no hay transformación posible si no se incluye a los hombres como parte del proceso.

Durante años, con razón, muchos esfuerzos se concentraron en mujeres, niñas y niños. Sin embargo, la experiencia nos ha mostrado que el equilibrio comunitario requiere trabajar también con los hombres, no desde la culpa, sino desde la corresponsabilidad.

No se trata de señalar al hombre como problema, sino de reconocerlo como parte de la solución.

Para ello, es necesario abrir espacios donde los hombres puedan: hablar de lo que sienten, reconocer sus dificultades, reconstruir su lugar en la comunidad, reencontrarse con su cultura, aprender nuevas formas de relacionarse

Transformar la masculinidad no es debilitarla. Es fortalecerla desde otro lugar.

Volver a la raíz para caminar distinto

Las comunidades no necesitan copiar modelos externos de “nuevas masculinidades”. Ya tienen en su memoria principios profundos que pueden orientar el presente.

En muchos territorios, el liderazgo se rige por el principio de mandar obedeciendo: servir y no servirse, convencer y no vencer, representar y no suplantar, construir y no destruir.

Estos principios, que organizan la vida comunitaria, también pueden orientar el ser hombre. Ser hombre hoy puede significar: cuidar la vida con conciencia, acompañar a los hijos con presencia, reconocer y respetar el liderazgo de las mujeres y los jóvenes, asumir responsabilidades compartidas, proteger el territorio como un ser vivo

En los procesos acompañados por FUCAI, hemos visto cómo hombres que inicialmente se resistían a participar en espacios comunitarios o familiares hoy se involucran en huertas familiares, en procesos de formación, en el cuidado de sus hijos y en acciones de protección ambiental. Muchos hombres participan en actividades que eran consideradas como actividades femeninas.

No es un cambio inmediato. Es un camino.

El papel de los hombres en el futuro de los territorios

El futuro de los pueblos indígenas no depende únicamente de políticas públicas o proyectos de cooperación. Depende, en gran medida, de la capacidad de las comunidades para reconstruir sus vínculos internos.

Y en esa reconstrucción, los hombres tienen un papel fundamental. Ser hombre hoy implica asumir un compromiso activo con: la vida, la familia, la cultura, el territorio

Implica también reconocer que el cuidado no es una tarea femenina, sino una responsabilidad colectiva. Cuando un hombre cuida, no pierde su lugar. Lo transforma.

Un llamado necesario

Este Día del Hombre es una invitación a mirar hacia adentro.

A preguntarse:
¿Qué tipo de hombre estoy siendo? ¿Qué están aprendiendo de mí los niños y jóvenes?
¿Qué huella dejo en mi familia y en mi comunidad?

No hay respuestas únicas. Pero sí hay caminos. Y esos caminos comienzan por algo sencillo y profundo: hacerse responsable de la vida que se tiene alrededor.

Dicen los mayores que la vida no camina sola,  necesita quien la siembre, quien la cuide,
quien la defienda, quien la escuche cuando habla bajito.

En los territorios, la vida tiene rostro de río, de monte, de niño, de mujer, de comunidad. Y también tiene manos de hombre. Manos que pueden herir o pueden sanar. Manos que pueden destruir o pueden sostener.

Cada hombre elige, todos los días, qué hace con sus manos. Y en esa elección pequeña, casi invisible, se decide el destino de lo grande.

Porque el futuro no llega de repente. El futuro se va tejiendo. Y se teje —silenciosamente—
en la forma como un hombre mira, cuida y acompaña la vida.

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