AMAZONAS · LA GUAJIRA · CAUCA · VICHADA
Temporada III · El gobierno de la casa
Fernando Acosta
Coordinador de la Escuela de Formación Democrática Indígena ESFODIN, pueblo nasa · FUCAI.
Planes de Vida, gobierno comunitario y formación de líderes indígenas en la Amazonía.
Voy a contarte cómo fue que empecé a trabajar por el gobierno propio de los pueblos indígenas de la Amazonía, y por qué ese trabajo sigue siendo importante hoy. Yo crecí en Caloto, en el norte del Cauca, dentro de mi territorio indígena. En 2006 tenía dos hijos pequeños, A'te Luisa Fernanda y Sek David, y trabajaba en la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca —ACIN—, donde ya llevaba años aprendiendo sobre procesos comunitarios y organizativos. Un día, sin que yo lo supiera, la Fundación Caminos de Identidad —FUCAI— llegó hasta mi casa buscándome para ofrecerme un trabajo nuevo: acompañar comunidades indígenas de la Amazonía. Yo no estaba, pero mi esposa Yuliana, sin consultarme, le respondió a doña Ruth, quien había ido a buscarme: «Sí, Fernando debe irse. Acá no le está yendo bien. No le consulte a él, doña Ruth. Yo le digo que mande la hoja de vida y usted continúa el proceso directamente con él». Así, casi sin buscarlo, empecé mi camino con FUCAI, alrededor de los 28 años, cerrando una etapa y abriendo otra que apenas empezaba a imaginar.
Cuando llegué a la Amazonía, entendí rápido cuál era el problema. Las comunidades indígenas de allí —a orillas de los ríos Amazonas, del Putumayo, del Igaraparaná, del Caraparaná, y también el Caquetá, Vaupés, Vichada y Guaviare— tenían autoridades propias: caciques, curacas, capitanes, mayores. Tenían sus propias formas de organizarse, de tomar decisiones en asamblea, de repartir el territorio y de cuidar la selva. Llevaban siglos gobernándose a su manera, con normas que se transmitían de palabra, de generación en generación. Pero cuando llegaba el Estado, o una empresa, o cualquier persona de afuera que quería explotar el territorio, esas autoridades no tenían con qué respaldar su palabra. Podían decir «aquí mandamos nosotros», pero eso no bastaba: había que poder mostrarlo en un papel que el Estado tuviera que respetar. Sin ese respaldo escrito, cualquier decisión de la comunidad quedaba a merced de quien tuviera más poder para imponerse.
Ahí empezó el trabajo. Junto con la Escuela de Formación Democrática Indígena —ESFODIN—, del área de Gobierno Comunitario de FUCAI, empezamos a recorrer los ríos en canoa y a llegar a las comunidades, muchas veces después de varios días de viaje, para acompañar a las asociaciones de cabildos: ACITAM, CRIMA, UDIC, AZICATCH, ASOCAUNIGUVI, ATICOYA, AZCAITA, ACIM, OIMA, COINPA y ASOACHIJIRAWA, entre otras. Con ellas trabajamos la formulación y actualización de sus Planes de Vida: documentos donde cada pueblo escribe, en sus propias palabras, cómo quiere vivir, cómo quiere cuidar su territorio, qué normas tiene y cómo se gobierna. Nos sentábamos con los mayores bajo la maloca, muchas veces varios días seguidos, escuchábamos sus historias y sus normas, y entre todos las íbamos poniendo por escrito, hasta que el plan quedaba redactado con las palabras de la propia comunidad y no con las de un funcionario de afuera. También acompañamos la formación de líderes y autoridades, para que ellos mismos supieran defender y aplicar su propio sistema de gobierno, no solo ante el Estado, sino también dentro de su propia comunidad, con sus propias nuevas generaciones.
Este trabajo no se hizo en un año ni en un viaje. Han sido más de quince años de recorrer ríos, de reuniones bajo malocas, de escuchar a los mayores y de escribir junto a ellos. Significó estar lejos de mi familia por temporadas largas, a veces semanas enteras, mientras Yuliana sostenía la casa y la crianza de nuestros hijos en Caloto. La distancia no siempre fue sencilla: significó ausencias, despedidas y momentos familiares que no pude acompañar de manera presencial. Pero esa situación no debilitó nuestros vínculos; al contrario, nos enseñó a valorar más el tiempo compartido. Cada despedida y cada regreso hicieron parte de este camino, tanto como los ríos y las comunidades que fui conociendo.
Hoy puedo contar el resultado con cifras que representan personas, comunidades y pueblos reales, no solo números en un informe. En los territorios que he acompañado a lo largo de estos años —desde la Amazonía hasta el Vichada, Guainía, La Guajira y Santa Marta— hemos llegado a cerca de 250 comunidades y 10 barrios populares. Cerca de 800 líderes y autoridades comunitarias se han formado en el marco del ESFODIN. Hemos acompañado la formulación de 15 Planes de Vida consensuados. Y detrás de cada uno de esos planes hay una organización zonal —una asociación de cabildos— que hoy tiene al frente la gestión de su territorio y del cuidado ambiental, con documentos que respaldan su autoridad ante el Estado y ante cualquiera que llegue de afuera.
Lo que más me queda de este camino es que gobernar el territorio no es solo vivir en él. Es cuidarlo con plan y con autoridad. Es conocer el territorio, caminarlo, trabajarlo y protegerlo. Eso es lo que hoy tienen las comunidades con las que trabajé: un plan escrito de su puño y letra, autoridades preparadas para hacerlo respetar, y una organización zonal capaz de sostener esa gestión en el tiempo. Ya no llegan al Estado con las manos vacías, llegan con propuestas en el marco de los derechos colectivos como pueblos.
“Gobernar el territorio no es solo vivir en él. Es cuidarlo con un plan de vida y con autoridades organizadas”
