Voces del territorio para reescribir la realidad en La Guajira

Fernando Acosta

Por: Veeduría para la Implementación de la Sentencia T-302 de 2017

En el apoyo de la Universidad de La Guajira, entre los wayuu comienza a tomar forma una experiencia que busca cambiar la manera en que las comunidades narran su propia realidad. El diplomado de reporteros comunitarios no aparece como un hecho aislado sino como una respuesta al seguimiento ciudadano frente a una crisis que ha sido ampliamente documentada pero insuficientemente comprendida desde el territorio. Su arranque deja ver una intención más profunda que la simple formación académica.

Detrás de esta iniciativa hay una lectura crítica de lo que ha significado la implementación de la Sentencia T-302 de 2017 que declaró un estado de cosas inconstitucional en el departamento. Las fallas no solo han estado en la ejecución de políticas sino también en la forma en que se difunde la información. La distancia entre lo que ocurre en las comunidades y lo que se registra en los informes oficiales sigue visibilizando una grieta difícil de cerrar.

La alianza entre la universidad pública del departamento y una organización con trabajo directo en las comunidades como FUCAI le introduce un equilibrio interesante. Por un lado, está el respaldo académico y por el otro la experiencia territorial acumulada en temas como la desnutrición entre los wayuu. Esa combinación le da al proceso una base más sólida para evitar que se convierta en un ejercicio desconectado de la vida cotidiana de la gente.

En ese escenario, formar reporteros comunitarios adquiere un sentido que va más allá del periodismo tradicional. No se trata únicamente de aprender a escribir o registrar hechos. Lo que está en juego es la posibilidad de que líderes y lideresas transformen su mirada sobre el entorno y encuentren herramientas para interpretar lo que viven y hacerlo visible sin intermediarios.

La propuesta pedagógica se apoya en algo que suele quedar relegado en los procesos formativos convencionales. El reconocimiento de los saberes propios del pueblo wayuu. La oralidad, la memoria y las formas de organización comunitaria no son vistas como obstáculos sino como puntos de partida. Eso cambia la lógica del aprendizaje y permite que el conocimiento no se perciba como algo impuesto.

A medida que avanza el diseño del diplomado, se hace evidente una preocupación por lo práctico. No basta con comprender conceptos si no se traducen en acciones concretas dentro de las comunidades. Por eso el énfasis en ejercicios de campo y en el uso de herramientas que permitan registrar y difundir información en contextos donde el acceso a recursos tecnológicos es desigual.

La experiencia también recoge aprendizajes de procesos anteriores. No parte de cero. Hay antecedentes de formación en control ciudadano que ya habían mostrado la importancia de producir información desde las comunidades. Ahora se amplía el alcance al incorporar la comunicación como una herramienta de incidencia más directa.

Uno de los puntos más sensibles sigue siendo la falta de datos confiables. Sin información clara resulta difícil evaluar si las acciones institucionales están teniendo impacto. En ese vacío, los reporteros comunitarios podrían convertirse en una fuente clave para construir indicadores que reflejen lo que realmente ocurre en el territorio y no solo lo que se reporta desde los despachos.

El vínculo con los mecanismos de seguimiento institucional abre otra dimensión del proceso. La información generada desde las comunidades no quedaría aislada sino que podría alimentar sistemas más amplios de evaluación. Esto plantea un reto importante en términos de articulación, pero también una oportunidad para fortalecer la transparencia.

Al final, lo que se empieza a mover en La Guajira no es solo un diplomado. Es una forma distinta de entender la participación y el control social. Cuando las comunidades logran contar su propia historia con herramientas propias, la narrativa cambia y con ella la manera en que se exigen los derechos. En ese tránsito se juega buena parte de lo que pueda venir después.

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