Más allá de las plagas: regulación biológica natural en laschagras amazónicas
Por: Mauricio Torres
En el marco del Día del Control Biológico, es necesario ampliar la mirada sobre lo que significa “controlar” en los sistemas productivos amazónicos. Para muchas comunidades indígenas, el enfoque no parte de identificar plagas como enemigos, sino de reconocer desequilibrios en la selva.
Desde su cosmovisión, cuando un organismo aumenta en exceso no se trata de combatirlo, sino de comprender qué alteración permitió ese desbalance. Por ello, más que hablar de control biológico en el sentido convencional, las comunidades practican lo que hoy se reconoce como:
. Regulación biológica natural
Manejo ecológico de plagas
Regulación natural del agroecosistema
Las comunidades amazónicas que habitan la frontera colombiana han desarrollado históricamente sistemas agrícolas que imitan la estructura y dinámica del bosque. Conocido como chagra, este modelo productivo integra diversidad biológica, conocimiento ancestral y manejo sostenible del territorio.
A diferencia de la agricultura convencional, la chagra no se basa en monocultivos ni en la eliminación de organismos considerados dañinos. Su fundamento es la diversificación de especies, la asociación de cultivos y el respeto por los ciclos naturales.
En estos sistemas conviven especies de pancoger, frutales, forestales y medicinales. Esta diversidad crea interacciones ecológicas complejas que favorecen la estabilidad productiva y reducen naturalmente la incidencia de enfermedades y organismos que puedan afectar los cultivos.
Desde esta perspectiva, cuando aparece una “plaga”, no se interpreta como un problema aislado, sino como una señal de que el equilibrio ecológico ha sido alterado.
En las chagras, la regulación ocurre como resultado de la convivencia entre especies vegetales, fauna asociada y microorganismos del suelo.
La siembra diversificada:
Reduce la concentración de especies hospederas.
Favorece la presencia de enemigos naturales.
Mejora la fertilidad y estructura del suelo.
Disminuye el riesgo productivo.
Este manejo permite que el sistema se autorregule, manteniendo poblaciones estables sin necesidad de insumos externos.
Para las comunidades indígenas, el objetivo no es erradicar organismos, sino restablecer el equilibrio del sistema. Por eso, su práctica se alinea profundamente con los principios de la agricultura regenerativa, donde el enfoque se centra en fortalecer la vida del suelo, la biodiversidad y las relaciones ecológicas.
En los últimos años, el acompañamiento técnico ha fortalecido estas prácticas mediante procesos participativos que respetan el conocimiento ancestral.
Lejos de reemplazar la sabiduría tradicional, el trabajo conjunto ha permitido:
Mejorar la planificación espacial de los cultivos.
Optimizar la selección de especies según ciclos climáticos.
Aumentar la continuidad productiva durante el año.
Organizar la chagra sin alterar su lógica ecológica.
Esta articulación ha generado una nueva perspectiva: comprender que la regulación natural del agroecosistema puede fortalecerse mediante herramientas técnicas, siempre que se respete la base cultural y ecológica del sistema.
En el Día del Control Biológico, la experiencia amazónica invita a reflexionar:
El verdadero desafío no es eliminar plagas, sino evitar los desequilibrios que las generan.
Las chagras demuestran que cuando existe diversidad, planificación y respeto por los ciclos del bosque, la regulación ocurre de manera natural.
Así, la regulación biológica natural no es una técnica aislada, sino el resultado de un sistema productivo que entiende el territorio como un organismo vivo.
La integración entre saber ancestral y enfoque técnico representa hoy una estrategia clave para fortalecer sistemas agrícolas sostenibles en la Amazonía, consolidando modelos productivos resilientes, autónomos y en armonía con la selva.
