Kimy Pernía Domicó y el Sinú: la advertencia embera que Córdoba está pagando

Por: Adán Martínez

Hay nombres que no caben en un obituario porque su historia sigue ocurriendo. Kimy Pernía Domicó —líder del pueblo Embera Katío del Alto Sinú— no defendía solo un cauce de agua: defendía un orden de vida. Su lucha contra la hidroeléctrica Urrá I (en el río Sinú, Córdoba) se sostuvo en argumentos que, leídos desde la cosmovisión embera, no eran “creencias” sino criterios de gobernanza ecológica: qué es un río, cómo se comporta, qué equilibrios sostiene y qué consecuencias trae someterlo.

Hoy, cuando Córdoba enfrenta una emergencia por inundaciones asociada a lluvias atípicas y al manejo del embalse, la historia de Kimy no es pasado: es una memoria-alarma


Los argumentos de Kimy: el río como sistema vivo (no como tubería)

En la visión embera, el río no es un “recurso” aislable del territorio. Es cuerpo vivo y camino: sostiene alimentación, movilidad, ritualidad, salud del bosque, y continuidad cultural. Desde ese marco, intervenir el Sinú con una represa no era una obra “técnica” neutra, sino un cambio de régimen del territorio: el río deja de ser río y pasa a ser máquina.

Esa intuición coincide con impactos descritos por estudios académicos sobre Urrá: alteración del curso natural, afectaciones a la vida acuática y cambios que se expresan a lo largo de toda la cuenca. Un ejemplo emblemático es el bocachico, pez migratorio: la represa interrumpe ciclos, cambia condiciones de agua y pone en riesgo reproducción y supervivencia, con efectos directos sobre pesca y seguridad alimentaria. 

Kimy sostuvo, además, que el proyecto no era solo un “asunto ambiental”, sino un conflicto por existencia y continuidad comunitaria: cuando se transforma el río, se transforma la vida social, económica y cultural de quienes dependen de él. Esa lectura aparece también en la literatura sobre el movimiento embera katío frente a Urrá: no es “pelea por agua”, es disputa por desarrollo humano y pervivencia.

“No controlará las inundaciones”: la advertencia sobre el futuro

Urrá se presentó durante años como infraestructura de “control” y “ordenamiento” del agua. Kimy y los Embera Katío advirtieron lo contrario: una represa puede reconfigurar el comportamiento del río y agravar vulnerabilidades río abajo, especialmente si se combina con deforestación, ocupación de planicies de inundación y decisiones de operación que priorizan variables del embalse sobre la dinámica territorial.

Medios nacionales han recordado en estos días que Kimy denunció desde los 90 que la represa no controlaría inundaciones y que rompería el equilibrio del río. 

 Lo que ocurrió “este año” en Córdoba: inundación, crisis y debate sobre Urrá

En febrero de 2026, Córdoba ha vivido una emergencia marcada por lluvias torrenciales en plena temporada seca, con desbordamientos del Sinú y afectaciones masivas a familias, infraestructura y economía. 

Un punto crítico del debate público ha sido la operación del embalse: reportes periodísticos señalan descargas del orden de 1.200 m³/s, incluso por encima de límites usuales, en un contexto de creciente que terminó amplificando impactos río abajo. 

La dimensión socioeconómica es severa: se han reportado cientos de miles de personas damnificadas, pérdidas en ganadería y agricultura, daños en colegios y centros de salud, y una afectación significativa del tejido empresarial regional. 

Y lo más inquietante, para el sentido de tu artículo: el Centro Nacional de Memoria Histórica ha conectado explícitamente esta emergencia con la memoria de Kimy, recordando que él alertó sobre riesgos ambientales y sociales, exigió consulta previa y que su oposición fue respondida con violencia.

La muerte para “callar el río”: violencia contra la defensa

Kimy fue secuestrado el 2 de junio de 2001 y posteriormente asesinado, en un contexto de control paramilitar en Córdoba y de disputa por los costos políticos y económicos del proyecto. Medios de investigación han documentado el caso como un crimen destinado a silenciar una voz incómoda para poderes armados y redes de interés. 

Este punto es clave: en Colombia, muchas luchas ambientales no terminan en un debate técnico, sino en un conflicto político armado donde el territorio, los megaproyectos y la economía ilegal se intersectan.

5) Lectura embera de lo ocurrido: cuando el río “cobra” el desequilibrio

Si el artículo quiere ser fiel a los argumentos de Kimy, no basta con narrar “llovió mucho”. La mirada embera insistiría en tres capas:

  1. Capa ecológica: romper el ciclo del río altera pesca, suelos, vegetación y calidad de agua; no es un daño puntual, es una cadena. 

  2. Capa territorial: cuando se ocupa la llanura de inundación como si fuera tierra seca permanente, el riesgo se vuelve tragedia repetida (y cada creciente es más costosa).

Capa ética-política: si no hay consulta real y gobierno del territorio con los pueblos que lo habitan, la “solución” termina siendo imposición; y la imposición, tarde o temprano, se expresa como crisis.

En 2026, Córdoba muestra precisamente esa convergencia: anomalía climática + vulnerabilidad territorial + decisiones de operación del embalse + economías asentadas en zona inundable

6) Cierre propositivo: qué significa “escuchar a Kimy” hoy

Escuchar a Kimy hoy no es un gesto conmemorativo; es un paquete de decisiones:

  • Gobernanza de cuenca con autoridad real: participación vinculante de comunidades (incluyendo Embera Katío y pueblos del bajo Sinú) en reglas de operación, alertas tempranas y manejo del riesgo.

  • Régimen de caudales y transparencia: criterios públicos sobre descargas, umbrales de seguridad y escenarios de creciente, auditables por terceros.

  • Restauración ecológica y ordenamiento: protección y recuperación de rondas hídricas, humedales y zonas de amortiguación; freno a la ocupación de planicies de inundación.

  • Reparación integral y no repetición: la violencia contra defensores ambientales no puede quedar como nota al pie; es parte estructural del modelo que produce crisis.

Porque si algo enseña esta historia es que el río no se “calla”. Se desplaza, se desborda, se erosiona, se pudre, se empantana… y al final vuelve como factura.

Siguiente
Siguiente

La encrucijada del ICBF con la niñez wayuu.