La desnutrición en La Guajira: más allá del plato vacío.

Escrito por: Zulma Rodriguez, Para la Veeduría Ciudadana Sentencia T 302 de 2017


En el plan de acción, presentado bajo el Gobierno de Gustavo Petro  y aprobado el 27 de Agosto del 2024, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, proponía dentro de sus actividades la conformación de una Comisión Asesora Científica (CAC)  que tenía como misión estudiar e investigar las principales causas estructurales la desnutrición y la muerte de niñas y niños wayuu por enfermedades asociadas a la desnutrición. 

Estamos a punto de conocer ese informe que pueda tener una luz a través de expertos que nos den una mirada desde el territorio, mientras el documento ve la luz, el ICBF da un adelanto de las principales conclusiones de la investigación.  

La primera y más contundente conclusión de la CAC es que la desnutrición en La Guajira no es un accidente ni una fatalidad geográfica. Es el resultado acumulado de procesos históricos de racismo, colonialidad, despojo territorial y marginalización que han golpeado sistemáticamente al pueblo Wayuu y a la comunidad Afroguajira durante siglos. La pobreza que hoy se expresa en cuerpos infantiles desnutridos tiene raíces en modelos occidentales de desarrollo que ignoraron, y siguen ignorando las formas propias de organización social, producción alimentaria y cuidado comunitario de estas poblaciones.

Desde esta perspectiva, la CAC advierte con claridad que ninguna intervención puramente biomédica o asistencial será suficiente. Repartir bolsas de mercado o suplementos nutricionales sin atacar las causas estructurales equivale a tapar una hemorragia con una curita. Lo que se requiere, señala la Comisión, son respuestas integrales, interinstitucionales, sostenibles y construidas con las comunidades desde el diálogo genuino.

Una de las aportaciones más relevantes de este adelanto es su comprensión ampliada de la salud y la enfermedad. Para el pueblo Wayuu, el hambre y la desnutrición no son simplemente déficits calóricos medibles en una tabla antropométrica. Son expresiones de un desequilibrio profundo que compromete simultáneamente el cuerpo, el espíritu, las relaciones sociales y el territorio. Esta concepción no es folclor ni misticismo: es una epistemología propia que el Estado colombiano ha ignorado sistemáticamente.

La CAC recomienda implementar de manera efectiva el Modelo de Salud Propio e Intercultural Wayuu en igualdad de condiciones con la medicina occidental. Esto implica el reconocimiento jurídico de parteras, sabedoras ancestrales, médicas y médicos tradicionales, así como la vinculación de mediadores culturales en todos los espacios de atención en salud. No se trata de romantizar la medicina tradicional, ni de negar el valor de la ciencia biomédica, sino de construir un diálogo de saberes real, donde ninguna forma de conocimiento sea subordinada a la otra.

Esta recomendación tiene también una dimensión práctica urgente: garantizar la estabilidad del talento humano en salud en el departamento, uno de los problemas crónicos que impide la continuidad de las atenciones en zonas rurales y dispersas de La Guajira.

Las conclusiones previas  documentan cómo la desnutrición está íntimamente ligada a la destrucción de los sistemas alimentarios propios del territorio: la pérdida de prácticas de cultivo y pesca tradicionales, la erosión de saberes productivos locales, la degradación ecológica causada por el extractivismo, la ruptura de la transmisión matrilineal del conocimiento y la transición forzada hacia economías de rebusque.

Las recomendaciones en este campo apuntan a reconstruir la soberanía alimentaria desde adentro. La Comisión propone invertir en la recuperación y protección del calendario agrícola autóctono Wayuu y Afroguajiro, promover huertas y prácticas de cultivo y pesca tradicionales con apoyo técnico y financiero, y financiar proyectos de agua gestionados por las propias comunidades ,los llamados "sembradores de agua", junto con programas de conservación de semillas nativas. Estas medidas no solo combaten la desnutrición, sino que fortalecen la autonomía territorial y reducen la dependencia de importaciones y ayudas externas.

La CAC dedica especial atención al agua, identificándola como un determinante decisivo no solo de la desnutrición, sino de la vida comunitaria en su sentido más amplio. Para el pueblo Wayuu, el agua no es un recurso: es un cuerpo territorial y espiritual, ligado a la soberanía alimentaria, la memoria colectiva y la identidad cultural.

El informe cuestiona que las respuestas institucionales al problema del agua en La Guajira se hayan limitado a la construcción de infraestructura, pozos, jagüeyes, acueductos, sin incorporar verdaderamente los saberes y las autoridades propias. La recomendación central en este punto es avanzar hacia una cogobernanza del agua que integre a los palabreros (pütchipüü) y las autoridades tradicionales (alaülayuu) en las decisiones sobre el recurso hídrico, la tierra y la seguridad alimentaria. Al mismo tiempo, se exige protección jurídica efectiva de los cuerpos de agua frente al avance de megaproyectos extractivos que históricamente han amenazado los territorios Wayuu.

Una de las dimensiones más innovadoras de las conclusiones parciales presentadas por el ICBF es su análisis sobre la producción de conocimiento. La CAC señala con rigor lo que denomina "extractivismo académico": la práctica mediante la cual investigadores externos llegan a La Guajira, recogen datos y testimonios de las comunidades, y luego producen conocimiento que circula en circuitos académicos y políticos sin retornar ningún beneficio real al territorio. Este proceso reproduce, en el campo del saber, las mismas lógicas coloniales que operan en la economía y la política.

Frente a esto, la Comisión recomienda que los recursos destinados a investigaciones derivadas del seguimiento a la Sentencia T-302, se canalicen prioritariamente a través de instituciones académicas públicas del territorio, en particular la Universidad de La Guajira. Más aún, se propone reconocer los testimonios comunitarios, los saberes tradicionales y las voces de niñas, niños y mujeres Wayuu como evidencia científica, ética y jurídica válida, y no como simples ilustraciones anecdóticas de datos "duros".

Transversal a todos los derechos analizados, la CAC identifica la ausencia de un diálogo genuino como uno de los obstáculos más profundos para resolver la crisis. Nuevamente sale a la luz de cómo proliferan autoridades no reconocidas ni legitimadas por el propio pueblo Wayuu, cómo las figuras institucionales de representación están desconectadas de la cosmovisión comunitaria, y cómo la toma de decisiones sobre el presente y el futuro de estas poblaciones ocurre sistemáticamente sin ellas.

La conclusión es inequívoca: sin participación activa, constante y genuina del pueblo Wayuu y la comunidad Afroguajira en las decisiones que los afectan, no habrá respuestas legítimas ni sostenibles. El diálogo no es un trámite de consulta previa ni una formalidad burocrática: es la condición de posibilidad de cualquier política pública que aspire a transformar de verdad las condiciones de vida en La Guajira.

Estas conclusiones previas y recomendaciones anticipadas de la Comisión no son utópicas: son urgentes, técnicamente sólidas y políticamente viables. Lo que se requiere es voluntad institucional para abandonar el asistencialismo de corto plazo y comprometerse con las transformaciones estructurales que La Guajira lleva décadas esperando, y ojalá estén en sintonía con el Plan Estructural que está a punto de presentar el MESEPP en el departamento de La Guajira. 

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