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La talla que falta
“Llegué a FUCAI por los hilos”. Lo conté en mi primer artículo para este blog: me trajeron el tejido, los colores imposibles, esa geometría que las mujeres wayuu guardan en la memoria de las manos y dejan caer, punto por punto, en una mochila. Soy diseñadora industrial; vine cautivada por ese poder artístico, por la manera en que un pueblo entero cuenta quién es mientras teje. No imaginé entonces que el mismo viaje terminaría enseñándome a leer otro tejido, mucho más callado: el del cuerpo de un niño que no termina de crecer.

